Testimonio
Federico Arteta
Ponente y participante de los coloquios
He sido testigo del crecimiento de un espacio de humanismo necesario en la dinámica de Barquisimeto, una ciudad de brazos tan abiertos como su geografía, que sirve de nudo vital para todo el país. En este rincón, como sucede en los grandes círculos intelectuales, todos hemos aprendido mucho más de lo que hemos enseñado.
En este intercambio constante de saberes, me correspondió el honor de participar en diálogos que trascienden el tiempo y el espacio:
- El médico (Noah Gordon): navegamos por el siglo XI hasta la lejana Ispahán, en la Ruta de la Seda, explorando los orígenes de nuestra vocación.
- La peste (Albert Camus): junto al Dr. Vicente Guerrero —físico y médico argentino radicado por años en nuestra «Ciudad Crepuscular»—, abordamos esta obra desde ángulos históricos, médicos, psicológicos y ético-filosóficos, encontrando ecos de nuestra propia realidad pandémica.
- El nombre de la rosa (Umberto Eco): en un extenso diálogo con el historiador y amigo, el profesor Carlos Giménez Lizarzardo, recreamos la atmósfera del monasterio medieval italiano. Fue la ocasión perfecta para recordar con nostalgia la visita del propio Eco a Barquisimeto.
Guardo un profundo agradecimiento hacia Liana por brindarme la oportunidad de presentar mi obra «Hospital Vargas de Caracas: Historia Social de un Hospital Latinoamericano». Este gesto reafirma el compromiso del Club Café Lectura Barquisimeto con la preservación de la memoria institucional y social de nuestra medicina.
Confieso que este ha sido, ante todo, un refugio cultural para disfrutar de las grandes obras, pero también para cultivar la erudición y los afectos.
Mi gratitud eterna a Liana Arrieta de Bustillos y a su perseverante equipo por mantener encendida la llama del pensamiento en Barquisimeto.